Recientemente he comenzado a dudar de mis habilidades de ser madre. Adoro a mis hijos como nunca pensé amar a nadie en el mundo. Sin embargo, esta tarea tan gratificadora ha comenzado a dejar estragos en mí. A la par con risas, alegrías y hermosas memorias ya se palpan canas, arrugas y noches sin dormir cuando uno de mis hijos tiene su etapa difícil. “Hijo fuiste, padre serás lo que tú hiciste el doble te harán” retumba cada vez mas y mas en mi mente. Y si lo acepto di candela a mi madre toda la vida de una y otra manera, pero creo que vine con un manual de instrucciones y me ajustaron rápido. Pero ¿dónde carijo deje el manual de mis hijos? ¿Se quedo Pavia con el?
No se si es la rutina o que, pero cada día es mas difícil mantener un muchacho en el carril adecuado. Entre miles de tareas diarias, la falta de apoyo de las escuelas, la presión de otros padres y de la sociedad uno hace miles de malabares para cumplir este rol a la perfección. Y ni hablar de los cambios de crianza, antes una buena cachetada te liberaba de un millón de problemas, ahora es motivo de maltrato. Antes, las maestras enviaban una carta a tus papás y hasta llamaban a la casa, ahora el padre es responsable de monitorear el progreso de sus hijos. Antes te regañaba tu madre, tu tío, tu abuelo y hasta la vecina y era por que te querían derechito, ahora toda esa gente puede causar una presión inadecuada a los hijos. Antes te portabas mal y te arrodillaban por 2 horas para que rezaras y pidieras perdón por lo ocurrido, ahora van a ir a un psicólogo para que el vea la situación y como en parte es tu culpa. Antes las tareas eran a lápiz y enciclopedia, ahora son en Word y Powerpoint. A todo esto le llamo “ El Modernismo Educacional.”
Recuerdo en mi adolescencia, los padres eran la ley y no existía la democracia casera. La evolución de la sociedad ha traído cosas buenas pero también hemos comenzado a vivir aceleradamente y esto ya ha trascendido a nuestros niños. Pienso mucho en mi infancia y lo diferente que era a la que viven mis hijos. Existía mas calma, paciencia y tiempo. Y claro que mis padres cometieron errores, pero cuantos no he cometido yo. Realmente, rezo todos los días por que este haciendo todo para criar personas de bien y guiarlos en este camino, en el que a veces yo también me pierdo.
Recientemente, le contaba a mi comadre que tenía un “regret” en la vida, me hubiese gustado tener otro bebé. Sin embargo, creo que Dios obra por senderos milagrosos. Entre el ballet, baloncesto y la rainbow, lo hubiese amado con toda mi alma, pero no existiría tinte que taparas mis canas ni pomada milagrosa que eliminara las arrugas causadas con el corre corre de ser madre. Sé que en un futuro consolare a mis hijos cuando mis nietos le den candela, pero en el proceso gracias a Dios que existe el Botox, el Clairol y el Pinot Grigio. Se que en algún momento de su adultez les diré “Ay Hijos Míos, déjame recordarte como me fue a mi.”
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